Paz después de una pérdida

Paz después de una pérdida
Encontrar paz es posible

Cuando muere alguien que amamos sufrimos mucho al principio, sobretodo cuando la muerte es inesperada. De un segundo al otro ese ser humano que amas deja de existir en este plano terrenal. Literalmente el cuerpo entra en un estado de shock, se fragmenta. Nuestra energía se distorsiona, el corazón se rompe en pedazos y el alma entra en un estado nebuloso donde deambula por nuestro ser para medio sostenernos y a la vez para permitirnos atravesar el duelo con todas sus etapas. No se puede apapachar al alma hasta lograr juntar las piezas de ese corazón roto.

Con el tiempo, para algunos serán varios meses, para otros incluso años, empieza un proceso de profundización que ninguna otra experiencia en la vida te da. Comienzas, a instantes, a acceder a un espacio donde no existe la muerte, a ese lugar donde no hay muerte sino vida. Y aunque el mundo allá afuera te diga que no, que la paz no se debería alcanzar después de la muerte de alguien que amas, llega ese inesperado, pero anhelado momento de paz. Algo tan poderoso, profundo, sublime, y a la vez difícil de explicar.

Es un estado donde la conciencia y el alma alcanzan una sintonía en donde las preguntas se disipan y la mente no necesita respuestas, porque lo que se siente es algo sagrado. Y entonces logras sentir y vibrar con la esencia de ese ser amado, como si cuando sintieras su presencia a través de sus señales, pudieras sentirlas impregnadas de ellos. La forma, el cuerpo, lo que conocías físicamente y entrañabas tanto, queda en un segundo plano. Comienzas a conectar con su espíritu, y aunque muchas veces regrese la tristeza y el temor a la propia muerte o de otro ser que amemos, encuentras al mismo tiempo algo sagrado en ella.

El fuego del dolor que te consumía por dentro, de pronto se transforma en una llama interna que te da calor, que te impulsa. Y lo aterrador deja de serlo para volverse en sagrado.

Y entonces cuando alguien que amas muere, puedes experimentar esos dos niveles. Es desgarrador a nivel de la forma, del cuerpo, y al mismo tiempo es sagrado a niveles muy profundos. La muerte puede ayudarnos a encontrar la dimensión sagrada de la vida, donde la vida misma se vuelve indestructible.